Paisajes
Esperando la magia de la luz.
La fotografía de paisaje es para mi, ante todo, una cuestión de paciencia y tiempo.
No basta con llegar al lugar adecuado, hay que saber observar y esperar a que la naturaleza
nos regale ese instante que quizá solo dure unos segundos.
La luz es, como no podría ser de otro modo, una de las grandes protagonistas de mis
fotografías. Un amanecer, un atardecer, una nube que deja filtrar el sol o los últimos
reflejos del día, pueden transformar por completo un paisaje. Luces y sombras crean
volumen, profundidad y emoción, dibujando sobre el lugar formas que instantes después
habrán desaparecido.
Por eso, cuando trabajo en un paisaje, me gusta detenerme y observar, esperar la luz
adecuada, el movimiento de una nube, la niebla que comienza a levantarse o ese rayo de
sol que ilumina exactamente en el lugar preciso.
No busco un paisaje simple y falto de carácter, deseo capturar lo que estoy viendo y cómo
lo estoy sintiendo en ese momento y poder así imprimir en la fotografía el sentimiento que
pretendo que emocione al espectador. Cada escena tiene su propia luz, su propia atmósfera
y una personalidad que cambia constantemente.
Cada fotografía nace de un instante irrepetible, un momento que no podré captar ni recrear
exactamente igual.
Mi trabajo consiste pues en estar ahí, mirar, esperar… y saber reconocer el preciso instante en el que la naturaleza decide mostrarse de una manera especial, y cuando ese momento
llega, simplemente, procuro aprovecharlo.







































